foto de la Roosevelt

Queens, la gentrificación avanza entre Tirios y Troyanos

Por Elizabeth Mora-Mass y editado por Miguel A. Sarmiento.

New York. Tal como en el Cartago milenario recibieran a los refugiados, inmigrantes víctimas del saqueo y la guerra de Troya, el Nueva York de siempre ha sido una ciudad santuario para refugiados de guerras e inmigrantes de todo el mundo.

Sin embargo, hoy por hoy, contrario a lo que expresa la frase del célebre escritor español Miguel de Cervantes, autor del Caballero Andante, Don Quijote de la Mancha y que reza, “Callaron todos, Tirios y Troyanos”; donde los Tirios son los residentes y ciudadanos y los refugiados e inmigrantes son los troyanos ambulantes; en el Nueva York de hoy, con la elección de Trump, no callan ni comerciantes residentes, ni vendedores ambulantes, ni los inmigrantes, mucho menos los ciudadanos y todos hablan en el mismo idioma: dinero, contante y sonante.   

Por allá finales de1800 y a principios de 1900, el Bajo Manhattan era el sitio adonde encontraban trabajo los inmigrantes. Los problemas y la competencia entre los vendedores del área y vendedores ambulantes recién llegados eran los mismos que se ven hoy al otro lado del Río Este, y, así como en la Roosevelt de Queens de hoy se puede bailar una pieza por $1,00 o $2,00 dólares con una jovencita en un bar, en el Manhattan de comienzos del siglo pasado, se hacía por .11centavos o $1,50 por cada media hora en el ahora histórico Roseland Dance Hall en Broadway.

Si bien, Manhattan se gentrificó gracias a la llegada del centro de intercambio de valores más grande y dinámico del mundo, Wall Street; al parecer ahora le toca una gentrificación similar a Queens con Mega-centro comercial.    

En el condado de Queens hay una multitud de proyectos de desarrollo en las ciudades de Forrest Hill y en Willis Point. En este último, se aprobó un Mega-centro comercial que al final se traducirá en un desarrollo de unos tres mil millones de dólares. No obstante, por el momento el proyecto se encuentra estancado por problemas con la Oficina de Desarrollo.

A pesar de esto, los especialistas en bienes raíces esperan que Queens siga creciendo y que el desalojo de los vendedores ambulantes y el fin de las bailarinas de uno y dos dólares, den paso a un tipo de comercio que no invite tanta controversia.

“El condado para vender, comprar y construir hoy, es Queens. Los constructores y los urbanizadores siguen buscando tierras para comprar a precios accesibles, que garanticen buenas oportunidades de inversión. El corredor de la Roosevelt que en su punto más lejano es Flushing, está a 40 minutos del centro de Manhattan”, indica Anthony Colletti, gerente de CORD Meyer Development Corporation, una empresa inmobiliaria localizada en Forrest Hill y una de las grandes constructoras de Queens.

Vendedores de pequeñas baratijas, perseguidores de grandes sueños dorados

Como muchos otros millones más, los inmigrantes llegan buscando el Sueño Americano pero los vendedores ambulantes, un número importante de ellos indocumentados, no entienden la dureza de las nuevas políticas de Trump ni el resentimiento de los comerciantes y habitantes del área tienen contra de ellos.

“Yo, como lo hicieron los abuelos y la misma mamá de Trump, me vine buscando lo mejor para mis hijos. Yo no soy una criminal, como dicen ellos. Soy una mujer trabajadora que me rompo la espalda trabajando para darle el pan a mis hijos. Y lo que quiero es que ellos sean alguien”, dice la ecuatoriana Leticia Ochoa.

“Nosotros, como lo han hecho por los siglos de los siglos los inmigrantes que han llegado a este país, llegamos buscando un futuro mejor”, afirma Rubén Peña, dueño de un negocio en la Roosevelt.

Otros van mucho más allá. “En Nueva York siempre los últimos en llegar han sido siempre ‘los malos’, los que cargan con la culpa. Eso le ha pasado a los irlandeses, a los italianos, polacos, a judíos y a los puertorriqueños. Ahora los malos somos nosotros, los mexicanos”, apunta Azucena Mendoza, una joven de 18 años que va a la universidad.

“Muchos de los dueños de negocio empezaron vendiendo en la calle como nosotros. ¿Por qué nos maldicen?, se pregunta Alberto, un vendedor ambulante colombiano que vende arepas y chorizos.

El puente está quebrado

foto de la roosevelt
La Roosevelt, después de la tormenta

Sin embargo, la mayor queja de los comerciantes que trabajan entre la calle 68 y la 104, es que sus ventas se están viendo afectadas negativamente a causa de los vendedores ambulantes. El puente entre los recién llegados vendedores ambulantes y los comerciantes tradicionales del área, está quebrado.

“Ellos no pagan impuestos, ellos no tienen responsabilidades. Pero la alcaldía no hace nada y todos los días el comercio legitimo paga los platos rotos”, asegura airado el dueño de un restaurante local. 

Mientras tanto, el desarrollo urbano avanza inexorable y la gentrificación crece de la mano del comercio y el desalojo del inmigrante que persigue el mismo sueño y las mismas promesas que persiguieron y buscaron otras oleadas de inmigración anteriores, corre su ciclo.

Ese ciclo se repite tal como pasara en Manhattan primero y luego en Brooklyn y la gentrificación llega como si fuera un juego de Monopolio. “En el Salón de Baile Roseland, se bailaba con polacas, alemanas, italianas, irlandesas, recién llegadas por centavos por cada pieza”, rememora Stewart Mass, un veterano residente del área, de ascendencia italiana que creció en Elizabeth Street en Manhattan. “Mis abuelos, mi familia, eran dueños de su propio negocio y vivían encima, en el segundo piso y tenían la tienda en el primero. Con la llegada de Wall Street, comenzó el desalojo. Les pagaban $50 de indemnización para que se fueran los inmigrantes. Para ellos eso era una fortuna y lo tomaron”, concluye Mass.

Sin reglas claras no hay juego limpio

Se necesitan reglas muy claras sobre el funcionamiento de las ventas ambulantes en toda la ciudad. “Como no hay una ley clara sobre el funcionamiento y apenas hay tres mil permisos para vendedores ambulantes, muchos creen que no hay reglas que cumplir”, afirma Eduardo Giraldo, expresidente de la Cámara de Comercio Hispana de Queens.

“Yo soy vendedor ambulante, pero tengo alrededor cinco personas que venden lo mismo, eso no es bueno para ninguno”, explica José, un vendedor ambulante de juguetería.

“La nueva legislación municipal sobre las reglas para ambulantes deben ser reglas muy claras. No se pueden seguir aceptando docenas de vendedores a lo largo de la Roosevelt y otras vías importantes de la ciudad. Deben permitirse tres o cuatro vendedores ambulantes por bloque (cuadra). Tampoco puede permitirse que los cuatro vendan los mismos productos. Nuestros vecinos necesitan un acceso libre tanto a las aceras como a los locales comerciales que están a lo largo de estas vías”, asegura Leslie Torres, directora del BID de la 82 en Queens.

Y agrega, “Los comerciantes se quejan de que en muchos puntos no hay espacio para los peatones y que por eso pierden muchos clientes”.

Según Torres, la nueva legislación “debe marcar en la calle los puntos para las ventas ambulantes teniendo en cuenta el entorno comercial. Por ejemplo, si hay un sitio donde se venden frutas y jugos, no se puede dar un permiso para que un vendedor ambulante ofrezca este mismo tipo de productos”.

La directora del BID de la 82 opina que de la misma manera hay que determinar cuántas personas pueden vender tamales en los nuevos sitios: “Cuántas pueden vender juguetes, joyas de fantasía y ropa. No podemos olvidar que estas ventas van a afectar a los pequeños comercios; muchos de ellos negocios de familia que han estado muchas veces por años en las calles seleccionadas para las ventas ambulantes. Eso es fatal para los pequeños negocios porque ellos no pueden luchar contra este tipo de competencia injusta”.

foto de Eduardo Giraldo
Eduardo Giraldo

Para Giraldo, el proyecto de ley que cursa en el Concejo de la Ciudad de Nueva York para ampliar los 3.000 permisos de venta para ambulantes que hay en la ciudad, tiene que clarificar quienes califican y limitar la cantidad de permisos por familia. “Muchos comerciantes vienen a quejarse de que hay familias enteras participando de las ventas ambulantes. El papá, la mamá, los cuñados, los hijos, le sacan copia a un permiso y se toman toda una cuadra. Eso hay que limitarlo porque una familia de cuatro son cuatro negocios de ventas de ambulantes operando en un mismo vecindario”, denuncia Giraldo.

No obstante, según los mismos vendedores ambulantes un problema muy serio que ven ellos es que hay personas que le sacan diez, veinte y hasta cincuenta copias a los permisos y las venden o las alquilan. “Yo alquilo un permiso por sesenta dólares los días normales y $100 los fines de semana”, dice Ovidio, un ecuatoriano que trabaja de sol a sol en la Roosevelt.

“El problema es que los permisos sólo tienen un número, no traen foto, no traen identificación, no traen nada. Hay quienes, por ejemplo, al permiso le sacan las copias y luego les ponen las fotos y van y las sacan laminadas por seis dólares. Son docenas de personas trabajando con el mismo permiso”, explica el asistente de un político local quien no quiso ser identificado. 

Hace un año, la Concejal Julissa Ferreras, poniente del proyecto de ventas para ampliar la cantidad de permisos, afirmaba que “La nueva ley debe coordinar el trabajo de los departamentos de la ciudad que intervienen en las ventas ambulantes, con los departamentos de hacienda, higiene, transporte, impuestos y policía, para hacer un trabajo efectivo”.

Pese a todo, lo que más le preocupa a un párroco del El Bronx sobre los permisos para vendedores ambulantes es la situación de los indocumentados. “Los inmigrantes indocumentados son explotados sin misericordia. La nueva ley debe tener en cuenta que ellos tienen miedo. Las oficinas de los concejales de las áreas afectadas deben tener personal que los asistan para que no los exploten. Porque mucho me temo que los avivatos de siempre, esos que dicen luchar por los indocumentados, son los que más provecho le van a sacar a los permisos de ventas ambulantes”, asevera el Padre José.

Tal como, según cuenta la leyenda, los inmigrantes troyanos desalojados de Cartago, fundaron a Roma; los inmigrantes de hoy en Nueva York, quienes como los troyanos se ven inicialmente bienvenidos para ser luego desalojados, explotados, perseguidos, han hecho de Nueva York la Roma pujante del mundo moderno.

En El Bronx hay 3 días en que los vendedores ambulantes que se concentran en la Avenida Saint Nicholas, en la Roosevelt, en Queens, y la 5ta Avenida en Brooklyn. Los permisos para ventas ambulantes tienen prioridad los discapacitados y los veteranos, todos ellos ciudadanos y residentes legales. Pero ante la falta de permisos se volvió costumbre alquilarlos.

“En Manhattan, se alquilan permisos por $20,000 a $30.000 dólares anules. Toda la negociación se hace en efectivo y no hay garantía alguna para el comprador. En otros sitios como Queens, El Bronx y Brooklyn, los permisos se alquilan por día”, explicaba Julissa Ferreras en una entrevista que sostuvo con esta reportera el año inmediatamente anterior.

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